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Así se viaja en el nuevo tramo del subte E

La extensión de la línea E del subte, que desde este lunes sumó tres estaciones y dos nuevas combinaciones a su recorrido, tuvo un arranque accidentado. Apenas dos horas después de su viaje inaugural, los “desperfectos técnicos en una formación” opacaron las bondades de unir Flores con Retiro en los 32 minutos que auguran desde el Gobierno porteño y la empresa estatal Sbase. Fuera del cotidiano percance, entre los habituales y los nuevos usuarios todos fueron elogios.

“Estoy feliz, no combino más. Voy de cabecera a cabecera y viajo sentada. La E siempre anduvo lenta, pero esto descongestiona y mejora el viaje”, expresaba María Paula Rozas, vecina de Flores y pasajera habitual de la línea que hasta ayer unía Plaza de los Virreyes con Bolívar, y que desde esta mañana sumó dos nuevas estaciones intermedias, Correo Central y Catalinas, y una estratégica cabecera en Retiro.

Ahora, ya no es excluyente usar la estación Independencia como transbordo para combinar con la línea C, ya que la E corre hasta la misma terminal y combina con la estación de los trenes Mitre, San Martín y Belgrano, en Retiro. También, con la terminal Buquebus y con 30 líneas del Metrobus del Bajo.

“La extensión es algo bueno, ofrece muchas conexiones que antes no existían. Pero estaciones nuevas con coches viejos y una frecuencia tan mala no es una buena combinación. Menos ahora que se va a sumar tanta gente”, vaticina Alfredo, que soportó “como casi todos los días”, una espera de media hora en estación Independencia.

En efecto, se calcula que la ampliación de la E traccionará unos 63.000 nuevos usuarios (que se suman a los 90.000 actuales) a una ruta que, según datos de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, en 2018 sufrió 2.683 minutos de interrupción. La cifra equivale a dos días completos de subte parado.

Las nuevas estaciones del subte E están intervenidas artísticamente. Foto: Andrés D'Elia

En el hall principal de la nueva cabecera de Retiro pende la dorada y fragmentada obra de Marta Minujín, y suena una banda en vivo de fondo, de riguroso violeta en sus camisas y moño. El mismo tono prima en la estación y refiere al color que siempre caracterizó a la línea. Las tres estaciones fueron intervenidas artísticamente con obras realizadas por mujeres.

No son pocos los que decidieron hacer turismo en el nuevo tramo de la E. En eso andaban Mónica y su marido, que viven en el conurbano sur y que son usuarios frecuentes de la C. “Paseamos por la zona de Catalinas, nos subimos en la nueva estación y ahora vamos a combinar para volver a Constitución. Es cierto que hay que mejorar la frecuencia, pero de que esto es beneficioso no hay dudas”, dice. Catalinas estalla en colores y es una creación de la artista Gachi Hasper.

En la línea E se nota mucho el contraste entre las estaciones nuevas y las formaciones viejas. Foto: Andrés D'Elía.

Martín trabaja en una empresa de mantenimiento de ascensores con muchos clientes en el Microcentro. Pasado el mediodía, y a modo de testeo, se subió en Bolívar y completó el recorrido hasta Retiro. “Hay que ver cómo funciona en hora pico, por lo pronto me parece un acierto haber sumado este tramo, le cambia la forma de viajar a mucha gente. En mi caso, voy a empezar a usarla para recorrer un trayecto que antes hacía caminando con tal de evitar el caos de tránsito en esta zona”, adelanta.

Correo Central es la estación florida y más verde del tendido, con una recreación de la naturaleza que crece en los entornos de vías, y con la firma de la artista Marcela Cabutti. Es, también, la nueva puerta de acceso a la línea B. Todavía algo perdidos, los recién llegados se asoman a la ancha y reluciente estación. “Ahora puedo elegir si combinar con la D en Bolívar o seguir una más y usar la B. Pero para hacerlo completo tienen que cambiar los coches, poner trenes con aire y que no se queden todo el tiempo. Y extender la línea un poco más al sur”, apunta Alejandra De Bettin, que utiliza la E a diario, hasta desde Plaza de los Virreyes hasta Bolívar. Desde hoy, con parada final a elección.

Para infortunio de Alejandra y del resto de los usuarios, esas demandadas mejoras no están previstas, ni siquiera a mediano plazo. Todo lo contrario: La mayor parte de las formaciones son Fiat/FM. Varias de ellas, ex coches de la A y de la D, con entre 22 y 38 años de uso. Y todavía quedan General Electric que salieron de fábrica hace más de medio siglo. Tampoco hay planes de sumar trenes con aire acondicionado, y mucho menos de seguir expandiendo la red. Sin ninguna obra ni licitación en marcha, la de hoy fue la última inauguración en un largo tiempo.

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