24 de junio de 2026

El espectáculo amarillo que marca el final del otoño ya puede verse en distintos barrios porteños

Los ginkgos vuelven a convertirse en protagonistas del paisaje urbano con sus copas doradas. Hay cientos de ejemplares distribuidos en calles, plazas y parques de la Ciudad.

Un árbol que transforma la Ciudad antes del invierno

Cuando las temperaturas empiezan a bajar y buena parte del arbolado pierde sus hojas, algunos rincones de Buenos Aires se llenan de color. El ginkgo biloba atraviesa por estos días uno de los momentos más llamativos de su ciclo anual y tiñe de amarillo intenso distintos espacios de la Ciudad.

Sus copas completamente doradas se destacan entre las ramas desnudas de otras especies y generan postales que cada año atraen a vecinos, fotógrafos y amantes de la naturaleza urbana.

La transformación ocurre poco antes de la llegada del invierno, cuando las hojas comienzan a cambiar de color y convierten a este árbol en uno de los grandes protagonistas del paisaje porteño.

Actualmente, la Ciudad cuenta con cerca de 750 ejemplares censados de ginkgo biloba, distribuidos entre veredas, parques, plazas y distintos espacios verdes.

Su presencia no pasa inadvertida. Allí donde aparecen, forman corredores amarillos que destacan entre los tonos apagados característicos de esta época del año.

«Las hojas doradas del ginkgo ofrecen una de las imágenes más llamativas del otoño porteño antes de la llegada del invierno»

Los lugares más buscados para verlos

Entre los puntos más conocidos para observar esta especie aparece la calle Junín, junto al Cementerio de la Recoleta, donde varios ejemplares forman una alineación que suele convertirse en escenario de fotografías y paseos.

Allí, las copas amarillas generan un corredor natural que cada temporada atrae a cientos de personas interesadas en disfrutar de uno de los paisajes más particulares de la Ciudad.

Una situación similar ocurre sobre la avenida Jorge Newbery, lindera al Cementerio de la Chacarita, donde otra alineación de ginkgos ofrece una postal muy característica durante esta época.

Los ejemplares también pueden encontrarse en espacios verdes muy visitados como el Jardín Japonés, Plaza Sicilia, Plaza Holanda y el Parque Paseo de las Américas.

Además, la Plaza República de Chile alberga un conjunto de ginkgos declarados árboles notables por la Ciudad, debido a su relevancia histórica y simbólica.

Un homenaje vivo en Plaza República de Chile

La agrupación ubicada en Plaza República de Chile posee un significado especial que trasciende el valor ornamental de la especie.

Estos ejemplares fueron reconocidos como árboles notables y funcionan como un homenaje a las víctimas chilenas del terrorismo de Estado, otorgándoles un lugar destacado dentro del patrimonio verde porteño.

La combinación entre historia, memoria y naturaleza convierte a este espacio en uno de los sitios más representativos para observar la especie dentro de la Ciudad.

Durante el otoño, el intenso color amarillo de las hojas vuelve aún más visible este conjunto arbóreo y resalta su presencia dentro del paisaje urbano.

Un sobreviviente de más de 200 millones de años

Además de su atractivo visual, el ginkgo biloba despierta interés por su extraordinaria historia evolutiva. Los especialistas lo consideran un verdadero fósil viviente debido a su antigüedad.

Originario de China, se estima que esta especie ya existía hace más de 200 millones de años, mucho antes de la desaparición de los dinosaurios.

Sus características hojas en forma de abanico son una de sus principales señas de identidad y permiten reconocerlo fácilmente entre otras especies urbanas.

El cambio de color se produce por un fenómeno natural conocido como senescencia foliar, momento en el que la clorofila comienza a degradarse como consecuencia de las bajas temperaturas.

Como resultado, las hojas pasan del verde intenso a un amarillo brillante que domina el paisaje durante varias semanas antes de caer definitivamente.

Un símbolo de resistencia y longevidad

La historia del ginkgo también está asociada a uno de los episodios más dramáticos del siglo XX. Su capacidad de supervivencia quedó demostrada después de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima en 1945.

Algunos ejemplares ubicados a menos de dos kilómetros del epicentro lograron rebrotar tras la explosión y continúan vivos hasta la actualidad.

Por ese motivo, en Japón muchos ginkgos son considerados símbolos de paz, resistencia y renovación, valores que fortalecieron el carácter emblemático de esta especie en distintas partes del mundo.

Además de su valor ornamental, el árbol es apreciado por su longevidad y por los usos medicinales que históricamente tuvo dentro de diversas tradiciones asiáticas.

Mientras el otoño se despide de la Ciudad, los ginkgos ofrecen una de las últimas grandes explosiones de color antes del invierno, convirtiéndose en un atractivo natural que puede disfrutarse en calles, plazas y parques porteños.