La Ciudad restaura buzones rojos y recupera una postal histórica de los barrios
La puesta en valor alcanza a antiguos cilindros de hierro que formaron parte del sistema postal y hoy siguen presentes en distintas esquinas porteñas.
📍 Un símbolo barrial que vuelve a lucir en Colegiales
Los históricos buzones rojos de hierro todavía permanecen en varias esquinas de la Ciudad como recuerdo de una época en la que las cartas eran una forma central de comunicación. Ahora, algunos de esos objetos comenzaron a ser restaurados como parte de una puesta en valor impulsada por la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano.
La recuperación incluye trabajos de herrería, pintura y limpieza para devolverles parte de su aspecto original. También se retiran capas de pintura acumulada, graffitis y stickers, además de realizar tareas sobre el metal para evitar la corrosión.
Uno de los casos recientes ocurrió en Conesa y Jorge Newbery, en Colegiales. Allí fue restaurado un buzón que forma parte de la memoria cotidiana del barrio y que, según vecinos de la zona, despertó interés desde el momento en que fue retirado para ser recuperado.
Adriana Fernández, vicepresidenta de la Junta de Estudios Históricos de Colegiales, siguió de cerca el proceso realizado por la Dirección General de Competencias Comunales y Talleres. “Fue una alegría la rapidez con que actuó la Ciudad. Nos gusta que estén atentos a estos detalles: son nuestro patrimonio”, señaló.
🟥 De las cartas a la memoria urbana
Aunque hoy ya no cumplen de manera habitual su función original como receptores de cartas, los buzones siguen siendo una referencia visual para muchas personas. Su presencia permite recordar cómo funcionaba el sistema postal y cómo cambiaron las formas de comunicarse con el paso del tiempo.
“Si bien ya no se usan como vía de comunicación, son una huella en la memoria de una época”, explicó Fernández. La restauración no sólo busca conservar una estructura de hierro: también mantiene visible una parte de la historia barrial.
En Colegiales sobreviven actualmente cuatro buzones. Además del ubicado en Conesa y Jorge Newbery, hay ejemplares en General Enrique Martínez y Gregoria Pérez; Avenida Elcano y General Enrique Martínez; Avenida de los Incas y Freire; y Superí, junto a la plazoleta Zárraga.
Cada uno quedó incorporado al paisaje de su zona y conserva vínculos con la vida cotidiana de quienes pasan por allí. El buzón de Conesa y Newbery, por ejemplo, convive con el movimiento escolar y suele despertar curiosidad entre chicos y chicas que lo ven camino al colegio.
Un objeto que despierta recuerdos y preguntas
Nirvana, de 9 años, contó que le llamó la atención la forma del buzón y que nunca escribió cartas. Sofía, compañera de escuela, dijo que sabía qué era porque su mamá le cuenta historias de los años 80 y destacó que le gusta su color rojo.
Tamara Leiva, mamá de una de las alumnas, señaló que estos objetos también pueden servir para explicar a las nuevas generaciones cómo trabajaban los carteros y cómo se enviaban mensajes antes de las aplicaciones y los teléfonos celulares.
Pablo Soldini, vecino nacido en el barrio, resumió ese valor simbólico: “Lo recuerdo de toda la vida, iba al colegio acá. Está muy bueno que lo recuperen; aunque pase desapercibido, es un símbolo del barrio y de la identidad”.
La recuperación de estos buzones busca preservar piezas que todavía forman parte de las calles porteñas. En una Ciudad atravesada por cambios constantes, conservar estos cilindros rojos permite mantener a la vista escenas, recuerdos y formas de vida ligadas a otra Buenos Aires.
