De posta de caballos a bodegón: la memoria que sobrevive en Luján y Vieytes

De posta de caballos a bodegón: la memoria que sobrevive en Luján y Vieytes

El Puentecito mantiene una tradición gastronómica que se remonta a 1873 y conserva relatos de políticos, artistas, viajeros y parroquianos que hicieron de sus mesas parte de la historia de Barracas.

🍽️ Una esquina que cambió de oficio sin perder su lugar

En la esquina de Luján y Vieytes, en Barracas, funciona El Puentecito, un bodegón que ocupa el mismo lugar desde hace generaciones. Según el relato, el sitio tuvo actividad desde 1750 como posta de caballos, pulpería y taberna, y desde el 20 de noviembre de 1873 funciona como comedor.

La propuesta gastronómica se apoya en una carta de alrededor de 100 platos, con porciones abundantes y algunas especialidades que se volvieron parte de su identidad, como una tira de asado de 1,20 metros, la paella y la tortilla española.

El nombre del lugar se vincula con un viejo puentecito de madera que cruzaba un arroyo cercano y daba nombre a la calle que hoy es Luján. La ubicación también fue estratégica por su cercanía con el Riachuelo y con el antiguo puente Gálvez, hoy puente Pueyrredón viejo.

🏘️ De posta de viajeros a mesa de figuras conocidas

Antes de consolidarse como restaurante, la esquina recibió a viajeros y carretas que partían hacia La Plata, Chascomús y el sur. Allí se hacían recambios de caballos y de gauchos para continuar trayectos que, según Fernando Hermida, podían llevar dos días hasta Chascomús.

En distintos momentos, el lugar también funcionó como hotel. La fuente señala que Hipólito Yrigoyen se hospedó allí y dio desde uno de sus balcones su último discurso antes de ser presidente en 1916. Alfredo Palacios solía hablar con vecinos en sus mesas.

Entre los clientes recordados aparecen Raúl Alfonsín, el escultor Julio César Vergottini y Guy Williams, conocido por interpretar a El Zorro. También quedó una anécdota singular: un cliente llamado Carlos Fernández habría permanecido 30 horas seguidas comiendo, entre almuerzos, meriendas, cena y desayuno.

🍺 La familia Hermida y una forma de entender el bodegón

Fernando Hermida padre llegó de La Coruña en 1928 y en 1958 compró una parte de El Puentecito. Con familiares y colegas gastronómicos ayudó a sostener el negocio cuando atravesó dificultades en la década del 60.

En 2006, una enfermedad lo alejó del trabajo y dejó a su hijo Fernando la continuidad del restaurante. Hoy el establecimiento pertenece a seis socios y mantiene una filosofía centrada en la comida abundante, la cocina hecha en el momento y el oficio de mozos y cocineros.

Hermida recuerda también una forma tradicional de servir cerveza aprendida de su padre, que había trabajado hasta 1958 en la pizzería Roma de la calle Lavalle. En el bodegón, esa memoria convive con una cocina que, según explica, evita microondas y prioriza tiempos de preparación propios de cada plato.

📍 Un museo dentro del salón

En el fondo del local hay un pequeño museo instalado donde estaba la antigua matera de la posta. Allí se conservan piezas encontradas en el lugar, entre ellas bordalesas de vino de 1890 y toneles de cerveza de comienzos del siglo XX.

El escritor español Arturo Pérez-Reverte visitó El Puentecito en 2012 mientras buscaba un bodegón porteño para ambientar su novela El Tango de la guardia vieja. También Pietro Sorba incluyó la esquina en su libro Bodegones de Buenos Aires, destacando las características de su construcción.

El local llegó a permanecer abierto las 24 horas todos los días hasta 2010. Con el paso del tiempo cambiaron los hábitos, el movimiento nocturno y el barrio, pero la esquina mantuvo su lugar como restaurante, punto de encuentro y archivo vivo de distintas etapas de Barracas.