Usina del Arte: de central eléctrica a ícono cultural

Usina del Arte: de central eléctrica a ícono cultural

El edificio nació como usina de la Ítalo Argentina de Electricidad y, tras una profunda restauración, se transformó en un complejo artístico con salas de música, exposiciones y múltiples actividades.

Un “palacio de la luz” del siglo XX

La actual Usina del Arte tuvo su origen a comienzos del siglo XX como sede de la Ítalo Argentina de Electricidad. El edificio fue diseñado por el arquitecto italiano Giovanni Chiogna con una estética industrial de fuerte presencia urbana y una imagen inspirada en los palacios florentinos.

La primera etapa de construcción correspondió al cuerpo ubicado sobre Pedro de Mendoza y Pérez Galdós, inaugurado en 1916. Allí funcionaban dos grandes naves paralelas: una destinada a las calderas, donde hoy se encuentra el auditorio sinfónico, y otra para las turbinas, actualmente convertida en la Nave Mayor.

El conjunto se completó en etapas posteriores con un segundo edificio, una torre con techo de tejas y la prolongación de la nave de generación hasta la calle Caffarena. En la esquina con Pedro de Mendoza quedó conformado un gran atrio de acceso con torre-reloj y escalera artística de 1926.

🎭 La transformación en un complejo artístico

La recuperación del edificio atravesó distintas gestiones y tuvo como desafío adaptar una construcción industrial de comienzos del siglo XX a un nuevo uso cultural. Durante ese proceso, la superficie se duplicó hasta alcanzar 15.000 m².

La nave principal quedó reservada para las salas de música. La sala sinfónica tiene capacidad para 1.200 espectadores distribuidos en tres niveles de plateas y fue equipada con resonadores, difusores, madera de guatambú, revestimientos especiales y un reflector pensado para optimizar la acústica. También se construyeron una sala de cámara con 280 butacas y un microcine.

El foyer se convirtió en el espacio central del complejo. Su cubierta de vidrio permite el ingreso de luz natural sobre los muros laterales de ladrillo original a la vista y conserva elementos metálicos que remiten al pasado industrial. Desde allí se conectan la Sala Sinfónica, la Sala de Cámara, la calle interna y la Nave Mayor.

Restauración, acústica y nuevos usos

En el segundo cuerpo del edificio se aprovecharon los antiguos soportes de hormigón de las turbinas para instalar una sala de muestras en la planta baja, mientras que el nivel superior quedó destinado a actividades artísticas de distintos formatos.

La restauración también buscó devolver la fachada a su aspecto original. Se trabajó sobre carpinterías y molduras, se removieron estructuras agregadas y se reemplazaron cubiertas. Además, se reforzaron y reubicaron cerchas metálicas y se ejecutaron nuevas estructuras para adaptar las naves a las exigencias acústicas y funcionales del complejo.

Las tres salas destinadas a la ejecución musical recibieron tratamientos específicos de acondicionamiento acústico, con revestimientos de madera en cielorrasos, antepechos de palcos y plateas. La intervención convirtió así a la antigua usina eléctrica en un espacio preparado para conciertos, muestras y otras expresiones artísticas.