Los árboles de Buenos Aires cambian de color y anticipan el otoño
Fresnos, ginkgos, tilos, liquidámbares y crespones transforman calles y plazas con tonos amarillos, rojizos y naranjas entre marzo y abril.
🍂 El cambio empieza en las copas
Con el avance del otoño, el arbolado urbano de Buenos Aires comienza a modificar el paisaje de veredas, plazas, parques y avenidas. Las especies de hoja caduca cambian progresivamente de color antes de perder su follaje y dejan a la vista una amplia variedad de amarillos, rojos, naranjas y marrones.
El proceso se conoce como senescencia foliar. Ocurre cuando las hojas dejan de producir clorofila y la existente empieza a degradarse, permitiendo que aparezcan otras tonalidades hasta que finalmente se produce la caída.
En la Ciudad, esta transformación suele comenzar a mediados de marzo y extenderse hasta finales de abril. Con la llegada de mayo comienza la temporada de poda de invierno, cuando gran parte del arbolado de hoja caduca ya perdió sus hojas.
🌳 Cuáles son las especies que más se hacen notar
Según el último censo del arbolado público urbano, Buenos Aires cuenta con alrededor de 432.000 árboles, de los cuales un 80% se encuentra plantado en veredas. Dentro de esa diversidad, algunas especies sobresalen especialmente durante estos meses.
El fresno rojo americano es la especie más común del arbolado porteño, con 138.031 ejemplares. Su follaje toma un amarillo intenso y es uno de los primeros en mostrar el cambio estacional, ya desde marzo.
El ginkgo biloba, también llamado árbol de los 40 escudos, tiene una presencia mucho menor: se registran 748 ejemplares. Algunas de sus alineaciones más reconocibles se encuentran junto a los cementerios de Chacarita y Recoleta, y su transformación comienza más avanzado el otoño.
Entre las especies de cambio más tardío aparece el tilo, con 16.478 ejemplares y un follaje amarillo muy visible. El liquidámbar, del que hay 5.841 individuos, ofrece una secuencia de colores que puede pasar del amarillo al naranja, rojo y púrpura.
El crespón también aporta variedad cromática. Con 12.324 ejemplares, sus hojas pueden pasar del amarillo al naranja y al rojo a medida que avanza la estación hacia los meses más fríos.
🏙️ Un paisaje formado por muchas especies
En parques, plazas y veredas también aparecen especies caducas como el plátano, el paraíso, el fresno europeo, el ciprés calvo y el palo borracho. A ellas se suman especies semipersistentes como el jacarandá, el lapacho rosado y la tipa.
Además, el paisaje porteño incluye especies perennes como el ligustro disciplinado, la anacahuita y el canelón, que mantienen su follaje durante el año y conviven con aquellas que marcan con mayor claridad el cambio de estación.
💧 Árboles que también cumplen funciones ambientales
El cuidado, mantenimiento y reposición de los ejemplares forma parte de un trabajo permanente de la Dirección General de Espacios Verdes y Arbolado junto con las comunas, orientado a preservar y ampliar el patrimonio natural urbano.
Además de modificar el paisaje, los árboles aportan beneficios ecosistémicos: filtran partículas y gases contaminantes, reducen el consumo energético y el efecto isla de calor, retienen agua de lluvia, ayudan a controlar la erosión y brindan alimento y protección a la fauna local.
