El cierre de la cárcel de Caseros

Los últimos 19 detenidos dejaron la Unidad 1 rumbo a Ezeiza y comenzó el desmantelamiento de un edificio marcado por motines, deterioro y denuncias de corrupción penitenciaria.

Los últimos presos dejaron la Unidad 1

La historia de la llamada cárcel de Caseros “nueva” llegó a su etapa final con el traslado del último grupo de detenidos. Los 19 presos que todavía permanecían en el edificio salieron ayer a las 15.47 por el portón de la calle Pichincha rumbo a la nueva cárcel de Ezeiza.

En las celdas quedaron colchones, ollas, cortinas, recortes de revistas, grafitis y otros objetos utilizados durante el encierro. En el quinto piso, donde se alojó al contingente final, las condiciones mostraban el fuerte deterioro del penal: no había calefactores y las ventanas permanecían sin vidrios.

La Unidad 1 había sido inaugurada en abril de 1979 y fue diseñada para recibir a 1800 internos procesados. El edificio tiene 21 pisos y las celdas estaban distribuidas entre el tercero y el piso 18.

Un edificio que colapsó pocos años después

El proyecto buscó presentar una cárcel moderna, pero apenas cinco años después de su inauguración un violento motín provocó daños importantes en la estructura. Según la información aportada, el edificio nunca pudo recuperarse completamente de aquel episodio.

Cada pabellón estaba compuesto por cuatro hileras de 36 celdas. En distintos sectores quedaron rastros de los motines y de boquetes abiertos en las paredes para pasar de un piso a otro o acceder a los espacios donde se encontraban las cañerías principales.

En el piso 18 estaban los llamados “buzones”, celdas de 1,20 metro de ancho con puertas blindadas destinadas a los presos considerados más peligrosos. En tres de esos espacios, un juez encontró armas escondidas que, según la fuente, eran utilizadas por detenidos que salían a robar en complicidad con agentes penitenciarios.

Traslados y cierre progresivo

En febrero de este año había 1350 detenidos en Caseros, aunque varios sectores ya estaban fuera de funcionamiento. A partir de entonces se cerró el ingreso de procesados y comenzaron las derivaciones hacia otros establecimientos.

Parte de los internos recuperó la libertad, los condenados fueron enviados a cárceles del interior y otros fueron trasladados principalmente a Ezeiza y Villa Devoto. Patricia Bullrich, entonces secretaria de Política Criminal, recibió simbólicamente la llave de la reja principal durante el cierre de la unidad.

También se anunció que los 430 presos alojados en la lindera Unidad 16, conocida como cárcel “vieja”, serían trasladados en un plazo de un mes a las nuevas cárceles de Ezeiza y Marcos Paz. En ese mismo período estaba previsto trasladar a Ezeiza a internos con trastornos mentales alojados en unidades del Borda y el Moyano.

El desguace antes de la demolición

Con los presos fuera del edificio, personal penitenciario comenzó a retirar muebles, instalaciones, rejas y cañerías. Los elementos que se encontraran en condiciones serían destinados a otras unidades y el resto se vendería como chatarra mediante una licitación del Banco Ciudad.

El inventario del desmantelamiento incluía 1174 camas, 360.000 kilos de rejas, cocinas industriales, equipos de panadería, máquinas de imprenta, dos gimnasios y equipamiento médico y odontológico del hospital que funcionaba dentro del penal.

La demolición del edificio nuevo estaba prevista mediante la técnica de implosión, a cargo del Ejército y antes de fin de año. Para realizarla debían retirarse las estructuras metálicas, incluidos marcos, puertas, caños y los catorce ascensores, de los cuales sólo funcionaban dos.

Una escuela y un centro cultural para el predio

Parte del terreno ubicado entre avenida Caseros y las calles Pichincha, 15 de Noviembre de 1889 y Pasco sería destinada a una escuela pública de 2000 metros cuadrados, con una inversión de 1,5 millones de dólares.

También estaba proyectado un centro cultural, cívico y vecinal de 500 metros cuadrados. El resto de los terrenos se vendería para la construcción de viviendas.

La cárcel vieja también desaparecería, aunque estaba previsto conservar su fachada por su valor histórico. La apertura de la calle Rondeau y la urbanización de parte del predio aparecían como los principales cambios previstos para ese sector de Parque Patricios.