Entre fábricas, parroquias y socialistas: así se vivía en la vieja Pompeya

Entre fábricas, parroquias y socialistas: así se vivía en la vieja Pompeya

La historia de Clotilde refleja una época en la que escuelas religiosas, militancia política, cine, deportes y organizaciones barriales convivían en una zona obrera que con los años cambió profundamente.

🏘️ Una historia familiar para mirar el barrio

Una historia familiar permite asomarse a la Nueva Pompeya de principios del siglo XX, cuando en un mismo barrio convivían militancias socialistas, escuelas parroquiales, fábricas, organizaciones religiosas y una intensa vida comunitaria.

Clotilde nació en Nueva Pompeya en 1926. Cursó la primaria en la escuela parroquial y más tarde estudió corte y confección en la escuela de las Damas de San Vicente de Paul. Desde joven participó de la vida de la parroquia, tanto en prácticas religiosas como en kermeses, bailes y funciones de cine.

En una de aquellas reuniones conoció a quien sería su esposo, también alumno de la escuela parroquial e hijo de un inmigrante italiano socialista que había llegado al país huyendo de la persecución fascista. La propia madre de Clotilde, al igual que una de sus hermanas, también era una activa socialista.

⛪ La parroquia y una extensa red de actividades

Esos cruces formaban parte de un barrio de origen obrero, atravesado por corrientes anarquistas y socialistas. En ese escenario, los padres capuchinos navarros instalaron en 1900 la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya, que desde 1920 desarrolló una fuerte presencia barrial.

A esa tarea se sumaron los padres de la Obra de Don Orione, en la cercana Colonia Obrera, y las Damas Vicentinas. Alrededor de esas instituciones surgieron espacios culturales, educativos, sociales y recreativos, entre ellos grupos religiosos, actividades para niños, un consultorio médico y una sala de cine.

Las parroquias no se limitaban al catecismo. También ofrecían enseñanza elemental, capacitación y entretenimiento. Los jóvenes podían participar de juegos, básquet o fútbol; los chicos hacían tareas escolares o integraban grupos de scouts; y las mujeres jóvenes accedían a clases de corte y confección, inglés o dactilografía.

El cine parroquial fue una de las grandes atracciones. Durante mucho tiempo, la parroquia tuvo la única sala del barrio y las películas proyectadas quedaban sujetas a la aprobación del párroco.

🎞️ Entre la cultura católica y las ideas socialistas

El relato también muestra la tensión entre la cultura católica y una sociedad fuertemente laica. Mientras la Iglesia buscaba reforzar su presencia frente al socialismo, el protestantismo y la escuela laica, muchos vecinos transitaban esos espacios con mayor flexibilidad.

En la práctica, una misma persona podía acercarse a una biblioteca socialista y también participar del cine parroquial. Esa convivencia explica parte de la identidad social de Nueva Pompeya durante aquellas décadas.

Del antiguo arrabal al paisaje urbano actual

Con el paso del tiempo, el barrio cambió de manera profunda. Las calles fueron asfaltadas, el Riachuelo fue canalizado y la basílica quedó rodeada por edificios, comercios y supermercados. El Puente Alsina permanece al fondo de la avenida Sáenz, dentro de un paisaje urbano muy distinto al de aquellos años.

La escuela parroquial se transformó en el Instituto Nueva Pompeya y el centro de las Damas Vicentinas pasó a ser el colegio San Vicente de Paul. La Colonia Obrera mantiene su carácter popular, aunque en un entorno diferente al de la antigua barriada.

El tránsito, la televisión y las nuevas formas de vida terminaron desplazando costumbres como la tertulia en la vereda. Aun así, la historia conserva la memoria de un barrio donde convivieron religión, militancia, trabajo, educación y vida comunitaria en el borde sur de la Ciudad.