La iglesia de Barracas que conserva la memoria de Felicitas Guerrero
El templo de Santa Felicitas fue impulsado por la familia Álzaga Guerrero y se distingue por su arquitectura ecléctica, sus esculturas y su historia ligada al barrio.
⛪ Un homenaje familiar convertido en patrimonio
En Barracas permanece en pie una iglesia que nació como un homenaje privado y terminó convertida en uno de los edificios más reconocibles del barrio. El templo de Santa Felicitas conserva la memoria de Felicitas Guerrero, una joven viuda perteneciente a una familia de gran fortuna.
Felicitas fue asesinada en 1872 por Enrique Ocampo, un pretendiente al que había rechazado. Tras su muerte, sus padres decidieron levantar una iglesia en su recuerdo.
El proyecto fue encargado al arquitecto Ernesto Federico Bunge, una figura destacada de la arquitectura argentina de aquel período.
La construcción de un templo privado
La obra comenzó en 1872 y se desarrolló hasta 1876. La información histórica también ubica el levantamiento del templo en 1875, aunque su inauguración se produjo recién en 1898.
La iglesia formó parte de un conjunto residencial más amplio perteneciente a la familia Álzaga Guerrero y es la única construcción que sobrevivió de aquel complejo.
El lugar había sido pensado como iglesia privada para recordar a Felicitas, viuda de Martín de Álzaga, integrante de una de las familias propietarias de esos terrenos desde tiempos coloniales.
🏛️ Una arquitectura poco frecuente en Buenos Aires
El edificio responde al Eclecticismo Historicista del siglo XIX y combina elementos neobizantinos, neorrománicos y neogóticos de influencia germana.
La construcción es considerada uno de los pocos ejemplos sobrevivientes de este tipo de iglesias alemanas, muchas de las cuales desaparecieron en Europa durante las guerras mundiales.
Aunque el templo posee una sola nave, su fachada y sus torres le dan una apariencia monumental.
El frente presenta una composición polícroma con nichos, mascarones y esculturas realizadas en distintos materiales.
Torres, pináculos y ángeles en la fachada
Dos torres exentas de cuatro cuerpos enmarcan el campanario central y refuerzan la verticalidad del conjunto.
Sobre el crucero se levanta un tambor rodeado por pináculos y un círculo de ángeles, motivo que se repite en diferentes sectores del edificio.
Estos detalles convierten al templo en un hito arquitectónico de Barracas, un barrio que antiguamente reunió quintas y residencias de familias porteñas reconocidas.
🎨 Esculturas y arañas venecianas en el interior
El interior está decorado como un gran salón y conserva importantes piezas escultóricas, además de grandes arañas venecianas.
Una de las particularidades del templo es que posee estatuas de personas seglares realizadas en mármol de Carrara.
Las obras representan a Felicitas junto a su hijo Félix y a su esposo, Martín de Álzaga.
El conjunto dedicado a Martín de Álzaga fue realizado por L. Cortoli, mientras que la escultura de Felicitas y su hijo pertenece a Antonio Pasaglia.
“El Salvador del Mundo” y las figuras de los doce apóstoles son trabajos del escultor alemán Thor Waldeern. Otras piezas fueron atribuidas a Juan Belloti.
Una pieza única dentro de la historia porteña
La iglesia reúne una historia familiar marcada por la tragedia, una arquitectura singular y obras artísticas que la distinguen de otros templos porteños.
El edificio fue restaurado mediante el Plan de Recuperación de Fachadas de la Dirección de Regeneración Urbana del Gobierno de la Ciudad.
Su permanencia mantiene visible una parte del pasado de Barracas y de la familia que impulsó su construcción hace más de un siglo.
